

Una planta necesita una temperatura comprendida entre los 12ºC en invierno y los 24ºC en verano, para poder desarrollarse correctamente.
Las variaciones bruscas en la temperatura puede resultar fatal para el follaje de una planta, deteniendo su crecimiento.
Todo depende del lugar en el que coloquemos la planta.
Lugares cálidos
El alféizar de una ventana, un balcón a pleno sol o una terraza en la que los rayos solares hagan subir rápidamente las temperaturas no son sitios para colocar una planta de interior, ya que además, resultarán intolerables por parte de ésta.
Así mismo, colocarla cerca de una chimenea, una estufa o un radiador puede ser decorativo pero a su vez muy peligroso. Es importante que retiremos la planta al encender alguno de estos artefactos.
Los entornos calurosos pueden dar lugar a la aparición de la araña roja, entre otras plagas.
Las quemaduras en las hojas son una señal muy clara que podrá observarse si el ambiente está reseco y demasiado cálido.
Lugares fríos y expuestos a las corrientes
Las corrientes de aire juegan un importante papel en el crecimiento de las plantas, y pueden causar muchos problemas.
Las plantas colocadas cerca de una ventana, en el alféizar de ésta o simplemente cerca de las instalaciones de aire acondicionado pueden sufrir bastante debido al frío que se crea en el ambiente.
Ya que es difícil el no resecar el ambiente al intentar mantener una temperatura constante con los sistemas de calefacción, se aconseja vaporizar el follaje para ofrecer a la planta el agua que necesita (que se haya perdido a causa de la evaporación y transpiración).

Los grados ideales de higrometría o humedad atmosférica están comprendidos entre 72% y 75%.
Estando unida a la temperatura, la humedad atmosférica debe estar a la misma “altura” que la primera.
Al carecer de humedad, el follaje de las plantas se torna a colores amarillentos y las hojas se reblandecen para posteriormente caer (lo que retarda el crecimiento).
Por suerte existen varias formas de prevenir un descenso en la higrometría del ambiente.
Vaporizar el follaje regularmente es un método muy efectivo pero podemos encontrar otros como el de cubrir un plato con grava (si es posible) y llenarlo de agua para, seguidamente, introducir la maceta.
La vaporización es tolerada por la mayoría de las plantas, como las orquídeas o los helechos, en cambio hay otras que adquieren manchas blancas (oídio) y el follaje se reduce, por lo que no aguantan muy bien el ambiente (suelen ser las plantas con hojas aterciopeladas, como la Begonia o la Saintpaulia).
Colocar un barreño o un tazón de gran tamaño ayudará a mantener el grado de humedad constante y evitaremos el tener que vaporizar las hojas diariamente.
Escrito por Jaime Trujillo Escobedo