
Como sucede con todos los felinos, en el caso de los gatos el aprendizaje de la caza también tiene lugar a una edad muy temprana. Con un mes de edad el cachorro empieza a practicar tácticas de caza. Primero se entrena con la cola de su madre, luego con cualquier objeto que se mueva. Repite incansablemente las actitudes de acechar, perseguir, saltar sobre la presa y sujetarla. Cuando el animal tiene cinco o seis semanas la gata le trae las primeras presas; primero inanimadas, posteriormente vivas: insectos ratones o pájaros. Jugueteando con dichas presas los gatitos empiezan a reconocer lo que es comestible y adquieren los reflejos que les convertirán en temibles cazadores.
La habilidad para la caza es un comportamiento innato o congénito, pero la gata puede contribuir a perfeccionar este conocimiento instintivo enseñando a sus cachorros las mejores tácticas de caza en función de la presa codiciada. Lo más difícil es aprender a dominar el miedo por infligir un mordisco mortal a un roedor. En este caso, no es limitar a la madre lo que guía al gatito, sino la rivalidad con sus hermanos y hermanas que también ansían dicha presa.
A los dos meses el cachorro domina las actitudes de atacar y morder. A los seis meses el joven gato ya es capaz de satisfacer sus necesidades alimenticias.
Escrito por
Jaime Trujillo EscobedoImagen de dkimages